Habitar

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Nuestro mundo está deteriorado. Por todas partes se oyen los desastres ecológicos y económicos, es decir, humanos: los trastornos climáticos, la aterradora disminución de la biodiversidad vegetal y animal, las múltiples formas de contaminación y la degradación de lo que todavía nos atrevemos a llamar “elementos naturales”. Pero también, y sobre todo, el aumento alarmante de las desigualdades sociales y urbanas, y más aún, la ligereza, e incluso el cinismo consciente de algunos dirigentes de grandes Estados: estamos sumidos en la intranquilidad. ¿Es posible todavía habitar este mundo? ¿Pero dónde? ¿Cómo? Necesitamos nuevos mundos, pues los marcos tradicionales de nuestras existencias se alejan brutalmente.Hoy es necesario redescubrir el significado del verbo habitar. Y, para ello, debemos describir con atención los gestos, las decisiones, los hábitos, los lugares, los momentos y los recuerdos por los cuales sentimos que habitamos el mundo y que el mundo es nuestro. Estamos en la obligación de reencontrar, o de defender, ese sentido del mundo que coincide con el sentido del habitar. Se trata de reconocer la nobleza de los lugares que habitamos tal y como los habitamos. Por eso es necesario acercarse a ellos para establecer, como decía Jean Giono, una “frecuentación amistosa”. No podemos habitar sin la amistad de los lugares, sin esa simpatía o amabilidad que nos permite estar en ellos, pero también resonar con ellos.
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Prefacio a la edición en español

Introducción

Oficios domésticos

Espaciamientos

Superficie habitada

Ciudades invisibles

Memorias

Interiores

Direcciones

Sin raíces

Cosas que nos habitan

Agradecimientos